Red Social de Cuidadoras y Cuidadores Familiares

Innovación en Cuidados en la Sociedad del Conocimiento

Estamos siempre escuchando que la Naturaleza es sabia. ¿Sabia? Que alguien me explique, terremotos, huracanes, epidemias, inundaciones... y discapacidades varias.
Personalmente creo firmemente que ni la Naturaleza es sabia ni Dios existe, sino no ocurrirían muchas cosas que suceden a diario y que vienen a recordarnos que inventemos lo que inventemos seguimos siendo vulnerables, meros peones en un juego del que no conocemos las reglas y al que jugamos a base de ensayo-error, viendo si suena la flauta por casualidad.
Estoy en la recta final de mis prácticas, en un centro de grandes discapacitados psíquicos y físicos, y cuando digo grandes, son muy muy grandes.
El primer día, después de terminar mi jornada, me tuve que sentar en el coche, en silencio, conteniendo una tristeza infinita que me embargaba el alma, oprimiéndola hasta doler.
Criaturitas retorcidas, ausentes, perdidas, que comen porque se les da de comer, que van limpios porque se les asea, que tienen una cama confortable y unos cuidados porque aún hay gente buena.
Chiquillos, que ya no lo son tanto, puesto que tienen más de 20 años, pero que quedaron anclados en su infancia, para hacer más patente su extrema fragilidad. Abandonados por padres que consideraron una deshonra tener un hijo así, o simplemente que no pudieron soportarlo y se suicidaron. Niños abandonados al nacer por los mismos motivos.
También los hay (adultos) que por su mala cabeza sufrieron accidentes absurdos que les han dejado en un estado lamentable y que simplemente viven, y su conexión con el resto del mundo se rompió.
Cuerpos retorcidos que no reaccionan ni a la fisioterapia. Algunos agresivos como único modo de comunicación con el resto de mortales.
Personas que viven porque su corazón sigue latiendo, ajeno a lo que un cerebro pasivo quiera o no hacer.
Allí las horas pasan sin poder tener una conversación coherente, escuchando gritos, lamentos o silencios eternos, llenas de miradas perdidas.
Limpiando babas, mocos o lágrimas imposibles de contener o controlar.
A pesar de todo ello, puedo decir que es un sitio alegre, aunque parezca una incongruencia. Alegre porque una simple caricia esporádica es capaz de arrancar una sonrisa inocente, alegre porque ves que con esos cuidados esas personas viven con mucha dignidad, alegre por sus grandes espacios llenos de luz y alegre porque un grupo importante de personas trabajan en lo que les gusta y su felicidad realizando esa tarea se esparce por el aire como un potente ambientador.
En mi tristeza hablé con mi amiga reflexionando sobre esas injusticias, preguntándole porque la Naturaleza con gran sapiencia y Dios con su extrema magnificencia ¿?, podían permitir que todo eso sucediera, y su respuesta fue : ¿Te has planteado que quizás esas personitas están ahí por algún motivo?.
Sí sé el motivo, lo tengo más que claro. Todos, deberíamos pasar siquiera una semana allí, para aprender a comprobar lo ricos que somos en todos los aspectos, para poder valorar lo que realmente es importante. Simplemente como cura de humildad, como remedio a vanidades y complejos, como evidencia palpable de que debemos ser más humanos, y más personas.
Que nadie se lleve a error, que nadie piense: eso a mi no me pasará. Eso está ahí, como una sombra que se cierne sobre todos, para recordarnos que seguimos siendo meros peones en un juego que no conocemos ni controlamos.

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Etiquetas: Articulos

Comentario por Maite Martínez Lao el abril 30, 2011 a las 3:09pm

Las cosas que pasan en el mundo, en nuestras vidas, no son por casualidad. De ello estoy convencida. Yo me haría otra pregunta: por qué a ellos? Aunque como dices,..ninguno estamos libres de que en algún momento de nuestras vidas podamos encontrarnos con una situación similar, bien en nosotros mismos,..bien en nuestros seres queridos.

Pero es cierto que la escala de valores cambia cuando ves lo que hay a tu alrededor. Conocer esa realidad nos debería hacer sentir privilegiados y devolvernos el valor humano de las cosas. 
Pienso como tu: mucha gente debería tener despierta esa conciencia,..ya no solo de las personas que están en esa situación,..sino de los familiares y de las personas que trabajan con personas con tantas necesidades de cuidados. Es otro mundo,..pero es una realidad.

Saludos...

 

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